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El Museo Patio Herreriano presenta un ambicioso proyecto doble de Miquel Mont en diálogo con la Colección Arte Contemporáneo

Miquel Mont

12 Jun

2026

La concejala de Educación y Cultura, Irene Carvajal, ha participado hoy en la presentación de un ambicioso proyecto expositivo doble que se incorpora desde mañana, 13 de junio, a la programación actual del Museo Patio Herreriano.

El primero de ellos, titulado Zonas grises. Fondos permanentes de la Asociación Colección Arte Contemporáneo y Naturgy Energy Group se ubica en las Salas 1 y 2 y permanecerá abierto hasta la primavera de 2027. Ofrece un diálogo entre los fondos de la Colección y el artista Miquel Mont, quien activa una nueva mirada sobre las obras a través de una innovadora intervención mural.

Mont evita las formas tradicionales y repetitivas de presentar la Colección, mediante un dispositivo pictórico basado en una secuencia de seis grises claros de distintas tonalidades que cubren la totalidad de las paredes de sala. Esta propuesta busca que los colores y materiales de las obras de la colección vibren con mayor intensidad, apoyándose en la ley del contraste simultáneo de Michel-Eugène Chevreul y en las teorías del color de autores como Goethe y Paul Klee. Para el artista, el uso del gris trasciende lo meramente cromático para convertirse en una herramienta de percepción, compromiso y posicionamiento político que a menudo se invisibiliza bajo la supuesta pureza del ‘cubo blanco’. 

En el segundo proyecto, ubicado en las Salas 3, 4 y 5, el museo dedica una extensa exposición monográfica al trabajo de Mont bajo el título Olvidar borrar, borrar despacio, la cual podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2027. Una muestra de gran escala que revisa su trayectoria y su constante investigación sobre los límites de la pintura y el espacio social. Miquel Mont transita entre la bidimensionalidad tradicional y su transformación en objetos físicos y materia tridimensional. A través de series como ‘Dispersiones’ o ‘Realismo de mercado’, el artista emplea materiales industriales como el metacrilato y la madera presentados de forma desnuda, evidenciando una economía de medios que cuestiona la validez de los soportes tradicionales. La muestra incluye también sus célebres ‘Autorretratos’, consistentes en tubos de metacrilato cuyas dimensiones están íntimamente ligadas a las proporciones de su propio cuerpo.
Miquel Mont, nacido en Barcelona en 1963 y residente en París desde finales de los años ochenta, compagina su labor creativa con la docencia en la École Nationale Supérieure d’Architecture de Paris-Belleville.

Textos de las exposiciones
MIQUEL MONT
Olvidar borrar borrar despacio 
SALAS 3, 4 y 5
Del 13 de junio al 10 de enero de 2027

Olvidar borrar, borrar despacio es el título de esta exposición que el Museo Patio Herreriano dedica a Miquel Mont, un artista inscrito en la abstracción, pero cuya obra no desoye las problemáticas sociales de nuestro tiempo. Las salas 3, 4 y 5 acogen las principales series de Mont, quien, en una primera etapa, en los noventa, practicaba una pintura de carácter gestual y de especulación en torno a los elementos constitutivos de la pintura, sean el color, el formato o el soporte. A través de estos cuadros apuntaba a la tradición de la gran pintura americana, la tradición española y la historia de la pintura reciente de su país de adopción, Francia, donde reside desde entonces. Estas piezas se sitúan junto a la serie Realismo de mercado, estructuras tridimensionales modulares, a medio camino entre lo funcional y lo estético. El fragor del gesto en las Dispersiones se abraza al frío metal de las esculturas y a la plana e impersonal disposición de la pintura que en ellas se inscribe. Tampoco es casual que en torno a ellas se puedan ver trabajos de la serie Tesla, que alude a los coches de la firma estadounidense, símbolo de perfección y trofeo de la técnica, aunque, como sabemos, todo triunfo tardocapitalista solo trae consigo desajustes, desequilibrios y desigualdades en las sociedades de nuestro tiempo.

La sala 4 arranca con una de las pinturas murales de las que Mont ha hecho seña de identidad, interesado siempre en la textualidad, la dimensión escenográfica de la escritura, la tipografía y la voz de las subjetividades. Lo que leemos tiene interés desde la forma del propio texto, a medio camino entre lo caligráfico y lo tipográfico, y desde lo que el texto cuenta: un trasunto que tiene tanta potencia política como calado poético. Es la antesala de un espacio en el que vemos tres series de trabajo de gran relevancia, Cooperaciones, Lapsus y Autorretratos. Las Cooperaciones expresan también con precisión que la percepción histórica del artista creando en soledad está mediatizada por las circunstancias sociales que determinan su quehacer. Mont parece disolverse en una autoría múltiple, como al amparo desde una suerte de colectividad, que considera más próspera que la individualidad de antaño. Los Lapsus que jalonan el lugar son, en esencia, eso: una interrupción, una fractura propia del lenguaje que produce una dislocación en la pintura mientras que ya al final de la sala, los Autorretratos aluden a su propio cuerpo, o a partes de él, sean torsos, tibias, radios, palmos, dispuestos en rítmica coreografía.

En la sala 5 observamos un número importante de obras de la serie Flicker, que están dispuestos sobre una intervención pictórica en el muro. En este espacio, un continente tornado en contenido, los elementos constitutivos de la pintura articulan un espacio trepidante, con tensión rítmica entre llenos y vacíos, entre lo industrial y lo orgánico, entre imagen y forma. Mont sitúa en su origen el interés que en él siempre despertaron los “Flicker films”, las películas experimentales con sus incursiones en la abstracción y el frenético encadenamiento de las imágenes. En la siguiente sala, ocupada por la serie Poros se habla explícitamente de esa condición epidérmica de la pintura, la relación entre el tiempo y la acción de pintar, el ejercicio reflexivo de la producción de una superficie impecable, como si estuviera desligada del quehacer humano pero que resulta de un ejercicio perseverante y atento por parte del artista.

ZONAS GRISES
Con la intervención de Miquel Mont. 
Fondos Permanentes de la Asociación Colección Arte Contemporáneo y Naturgy Energy Group.
SALAS 1 y 2
Desde el 13 de junio 

Zonas grises es el título de una nueva exposición de los fondos permanentes de la Asociación Colección Arte Contemporáneo y Naturgy Energy Group que se suma al conjunto de exposiciones de larga duración que en torno a estos fondos y tomando como punto de partida relatos diferentes viene configurando el programa del museo en los últimos años. Para estas muestras, el Museo ha acudido a diferentes agentes del sistema del arte contemporáneo, con los que ha trabajado en su forja. Recordarán, en los meses de pandemia, cómo José María Parreño, crítico y poeta, daba forma a “la colección después del acontecimiento”, o cómo la historiadora Irene García Chacón abordaba la figura de Ángel Ferrant en “Universo Ferrant”. El equipo del museo ha realizado otras exposiciones en las que se enfrentaban los fondos de la colección a diferentes artistas contemporáneos para hacer una lectura desde el disenso, porque es en la confrontación donde aparecen las grietas, y por las grietas se deslizan relatos nuevos, inesperados. Así ocurrió con las dos entregas de “Turno de réplica”. 

La exposición Zonas grises ha sido concebida por el artista Miquel Mont, quien es a su vez objeto de una amplia muestra que revisa el conjunto de su carrera en las salas de la segunda planta. Zonas grises es una gran intervención mural que da contexto cromático al montaje de las obras de la colección. Propone también una selección que ofrezca una mirada que eluda la mediatización de los discursos contemporáneos, que ponga sobre la mesa un modo de ver que pueda desbrozar las capas de significado que el tiempo trae consigo. Las obras seleccionadas se disponen sobre una gradación del color gris, que el artista, llevado por su conocimiento de las teorías cromáticas, de la historia de la pintura y del pensamiento contemporáneo, sitúa en el ámbito del “valor”, de su capacidad de determinar, sea por su neutralidad, sea por la fuerza de su voz. El color gris tiene muchas lecturas: es un color de gran relevancia en la historia de la pintura moderna, desde Cezànne y Klee hasta los artistas más radicalmente contemporáneos; delata el lugar que uno ocupa según para qué asuntos. El gris puede ser el color del posicionamiento, pero también el color de la indiferencia. Mont ha escrito un ensayo conmovedor sobre este asunto que adquiere cierto estatus de obra, pues es un discurso radical y novedoso.

A partir de aquí, y junto al equipo del Museo, Mont ha realizado una selección de obra que pretende eludir lo normativo, la reiteración, el lugar común, pues ha acudido a figuras no siempre vistas, cuyas obras se han instalado no en relación a los relatos a los que estamos acostumbrados, sino apelando a otro tipo de motivaciones, ya sean formales, cromáticas, afectivas, contextuales, temáticas -por supuesto, pero no siempre-, o de cualquier otra índole. La voluntad de Mont es la de arrojar luz sobre la amplitud y profundidad de esta gran colección, y las posibles conexiones que pueda también trenzar con el resto del programa, algo que, como es sabido, es práctica habitual en nuestro
 

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